Hacia Chiapas
La última vez que estuve en Guatemala tenía que ser en Flores. Después de Chichicastenango, decidí cruzar la sierra para despedirme de mi amiga María José. Sólo por eso fui por tercera vez a la isla de Flores en el Petén. El plan para los días que quedaban de viaje era entrar a Méjico pero por Chiapas. Había oído que se podía pero mi libro de viaje no decía nada al respecto.
Pregunté en el sitio donde solía comprar pasajes y no hacían ese itinerario; en cambio me ofrecían volver por Belice, del mismo modo que había entrado a Guatemala. Era un viaje seguro y cómodo, pero no me valía porque tendría que cruzar Quintana Roo para entrar en Chiapas y perdería tiempo y dinero.
Encontré un sitio que me ofreció un viaje en camioneta hasta la frontera con Chiapas, para luego remontar un río en barca y se suponía que del otro lado del río nos esperaría un bus hacia Palenque.
Contraté ese servicio y salimos en una camioneta hacia el río. Iba solo y el conductor me preguntó a mitad de camino si me parecía bien que dejara subir una mujer indígena con su hijo que estaba haciendo dedo. Le dije que sí. Ella me lo agradeció con una mitad de naranja a la que le ponía pimienta por encima. El sabor era muy bueno y refrescante.
Finalmente llegamos al río donde nos esperaban una serie de barcas de colores amarradas y sin ganas de salir. Llegamos muy temprano, pero teníamos que esperar a que se llenara una barca para salir. Me habían dicho que llegaría un grupo de turistas pero al cabo de 3 horas de espera no pasaba nada. Yo era el único turista en la zona. La barca se preparo y salió varias horas después de mi llegada dejándonos en la frontera con Méjico. No recuerdo si sellé mi pasaporte o no, pero no había ningún bus esperando del otro lado. Me di cuenta que cuando sales de un país en esa situación ya no tendría a nadie a quien reclamar. Por suerte encontré algunos turistas que me dijeron que sí vendría un bus a recogernos pero nadie sabía la hora. Yo comenzaba a pensar que dormiría ahí, en medio de la nada, pero a las 19 apareció un bus que nos dejó en Palenque.
Ya estaba donde quería. Había dejado atrás un país increíble y ahora comenzaba el fin de mi viaje.