El Libro del Consejo de los Mayas. Parte 3 | | | |
Cuando volvieron a su casa encontraron a su abuela y a su madre y dijeron:
-“Querida abuela, algo les ha pasado a nuestros hermanos mayores. Sin saber como, se han vuelto unos desvergonzados y ahora son como animales.”
-Si algo habéis hecho a vuestros hermanos mayores, sería como matarme a golpes y pisotearme la cabeza. Os lo ruego, no hagáis nada a vuestros hermanos mayores queridos nietos.
Entonces ellos contestaron:
- No esté triste querida abuela nuestra. Usted verá los rostros de nuestros hermanos mayores, ellos vendrán, pero como una prueba para usted, querida abuela. ¿Quiere no reírse cuando pongamos en juego su destino?, dijeron ellos.
- Entonces empezaron a tocar música. Tocaron Hunapu Batz y cantaron y tocaron la flauta y el tambor… (esta canción tomó su nombre cuando tocaron), la abuela se sentó junto a ellos.
Entonces, Hun Batz y Hun Chuen volvieron: llegaron bailando.
Cuando la abuela levantó los ojos, lo que vio fue sus feas figuras. Entonces rió. No podía aguantar la risa así que ellos volvieron a desaparecer en seguida de su vista, una vez más se fueron lejos, por lo alto de los árboles.
-¿por qué hace eso querida abuela? Solo lo intentaremos cuatro veces: quedan tres. Vamos a llamarlos con la flauta y con el canto. Se lo rogamos, contenga la risa. Vamos a intentarlo de nuevo.
Después tocaron y ellos volvieron, siempre bailando y llegaron una vez más hasta el centro del patio de la casa. Como la vez anterior, lo que hicieron resultaba gracioso y provocaron la risa de la abuela, que no tardó en reírse de ellos. Los monos tenían, de verdad un aspecto ridículo, con sus cositas delgaduchas colgando bajo el vientre y su cola enroscada delante del pecho.
Cuando volvieron la abuela no pudo contener la risa y entonces ellos se fueron, una vez más, a las montañas.
Por favor, ¿por qué hace eso usted, querida abuela? Vamos a intentarlo una vez más. Entonces volvieron, pero esta vez se abuela se abstuvo de reír. Entonces ellos treparon atravesando la casa en todo lo ancho, con sus delgados labios rojos, rostros inexpresivos y frunciendo los labios, secándose la boca y la cara, luego rascándose bruscamente.
Y cuando la abuela los vio, rompió a reír y ellos se fueron por culpa de su abuela.
- A pesar de todo, querida abuela, vamos a intentar llamarlos una vez más, dijeron Hunapu y Xbalanque.
Llamaron por cuarta vez con sus flautas, pero ellos nunca más volvieron.
Popol Vuh. (Extracto no literal).